Adiós a Mario Vargas Llosa: El fuego de la literatura no se apaga | Daniel Olivero González

"La literatura es fuego. Es protesta. No es una técnica de entretenimiento, un pasatiempo, una evasión. Es una manera de ayudar a cambiar el mundo."

— Mario Vargas Llosa (1936 – 2025)

Los Inmortales nunca desaparecen



El fin de semana pasado me enteré del fallecimiento de Mario Vargas Llosa. Me sorprendió porque uno tiende a pensar que ciertas personas son eternas: los padres, los amigos, algunos profesores, los artistas.

Me pegó fuerte porque, en el último tiempo, había vuelto a leer sus libros y me maravillaba del poder de su pluma. Una prosa limpia, de claridad absoluta en cada frase, con vuelos poéticos y alcances filosóficos.

Nunca olvidaré que dos libros suyos fueron los primeros que adquirí allá por los lejanos años 80. Con mis primeros dineros ganados trabajando, compré "La ciudad y los perros" (1963).

Ese libro me acompañó en un viaje al sur. Lo leí en una noche mientras cruzaba el Golfo del Corcovado, en el transbordador de Puerto Aysén a Chiloé. Ni me di cuenta de que el mar estaba de malas aquella noche; la maestría de Mario era un ancla más fuerte que cualquier tormenta.

Luego continué con "La tía Julia y el escribidor", me reí con Pedro Camacho y seguí con "La guerra del fin del mundo" y "El sueño del celta". Me faltan muchos por leer, y el saber que ya no habrá más es triste, pero también es una esperanza: la de volver a sentir que el escritor sigue entre nosotros a través de sus páginas.

Porque los grandes no desaparecen, solo se vuelven inmortales.
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